Cadereyta, Ciudad de los Columpios

Cuentan los abuelos que cuando ellos eran niños, las márgenes del río estaban densamente pobladas por enormes y frondosos sabinos, bajo cuya sombra se realizaban espléndidos días de campo al inicio de este siglo. Algunos de los paseantes habituales habían instalado columpios sujetando una cuerda en las fuertes ramas de aquellos gigantes verdes; este juego proporcionaba gran alegría a los chiquillos que en ellos se paseaban.

¡Ah, pero hay algo más! Refieren que cuando la revolución estaba en su apogeo, se asentó en esta ciudad un destacamento de efectivos militares procedentes de distintos estados del país. que venían a sofocar cualquier intento de rebelión que se presentara en la región. Muchos de estos jóvenes soldados patrullaban las márgenes del río Santa Catarína y como la disciplina castrense los obligaba a llevar una vida austera y ruda, cada vez que tenían oportunidad acudían a contemplar a las bellas jimeneses, que engalanadas con sus mejores prendas asistían a recrearse al espléndido paraje. Ahí, al abrigo de la fresca sombra, los jóvenes brindaban tiernas miradas a las lindas pueblerinas y algunos de ellos, más osados que los demás, se acercaban a platicar; así, con el paso de los días, muchos de ellos familiarizaron con las muchachas y entre alegres risas las paseaban en los columpios. empujándolas en su alegre vuelo. ¿Cuántos romances surgieron de esas charlas bajo los sabinos, sentados en los columpios? Todavía existen en el municipio personas que pueden constatar esto.

Es por esta razón que en muchos lugares del país se empezó a conocer a Cadereyta como la ciudad de los columpios, pues cuando un soldado iba a venir asignado a este lugar, los compañeros le decían: ¡Ah, te tocó en la ciudad de los columpios! ¡Ya verás que bello pueblo es!

 

 

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